El acoso escolar, también conocido
últimamente como “bullying”, es un problema muy grave en la sociedad actual.
Este asunto que ahora “está muy de moda” ha
estado presente desde hace tiempo. Siempre ha existido el típico gracioso que
se metía con el físico. Calificativos como gafotas, cuatro ojos, gorda… son los
que nunca se dejan de utilizar. Sin embargo, comparando el pasado con la
actualidad, mi madre afirma que es cierto que antes había acoso, pero que era
mucho menos agresivo o frecuente que ahora.
En mi familia, mi hermana ha tenido la mala
suerte de sufrir “bullying”, concretamente durante el año pasado. A principio
de curso, unas compañeras suyas se dedicaban a robar material escolar de las
mochilas del aula. A mi hermana ya le habían quitado un par de cosas y ella y sus amigas tenían una ligera idea de
quiénes podían ser las responsables. Tras varias visitas sin respuesta al
despacho del director y el continuo robo de materiales, mi hermana decide enfrentarse
a sus compañeras y pedirles que le devuelvan todo su material. Estas, se ponen
a la defensiva y niegan ser las autoras. La reacción de mi hermana fue abrir el
estuche de una de ellas y sacar un “tipex”,
que resultó ser el suyo (ella lo había marcado con la inicial de su nombre).
Desde entonces, hubo un continuo acoso por parte de ellas hacia mi hermana
(nunca le dejaban hablar, se dirigían a ella con tono despectivo e insultos…).
Esta actitud, que en principio puede parecer normal por haberles dejado en
evidencia, fue agravándose; por ejemplo, en una excursión, cuando iban en el
autobús cantaban canciones que aludían a ella ridiculizándola, o el día del Valle,
que la llamaron por teléfono y la insultaron. Aunque mi hermana ya había
hablado con el director y mi madre se había reunido con él, fue tras este
suceso cuando el director mantuvo una conversación con toda la clase y la
conclusión a la que se llegó fue que mi hermana estaba siendo acosada. La
actitud de todas las acosadoras, a excepción de una, fue rectificar.
Finalmente, ya nadie la acosa.
En los últimos años, han sucedido varios
casos de acoso extremo, llevando al suicidio como en el caso de Lucía, una
chica que lo anunció por una red social y cuyo vídeo se hizo viral, o un chico
de Colombia y otro de España (Murcia).
Una de las soluciones a este problema ha sido
la creación de un teléfono contra el acoso escolar, que
empezó a estar operativo desde el 1 de noviembre del año pasado. Funciona las
24 horas del día, de forma ininterrrumpida y las llamadas serán atendidas por
profesionales de psicología, juristas, sociólogos y trabajadores sociales. Los
destinatarios son los alumnos, padres, madres y tutores legales, profesores,
equipos directivos y personal de los centros docentes, en general cualquier
persona que tenga conocimiento de casos de malos tratos o acoso en el ámbito
escolar, tanto dentro como fuera del centro. Se incluyen también los casos de
ciberacoso, a través de internet, móviles y redes sociales, así como el ámbito
internacional en centros en el exterior, centros de convenio y programas
internacionales. Las llamadas son anónimas y gratuitas, además que no
aparecerán en la factura.
En Castellón, por ejemplo, el 20 de enero de
este año han celebrado unas jornadas en el colegio de psicólogos de la
Universidad de Valencia contra el acoso escolar en cualquier edad y cualquier
tipo de acoso. Al mismo tiempo, han
iniciado una campaña llamada “Nada será igual” para concienciar y sensibilizar
a través de las pantallas.
Algo que me ha llamado especialmente la
atención ha sido la creación de una especialidad para tratar estos temas. Cada
colegio contará con un especialista en acoso escolar para reducirlo y
eliminarlo:
“Educación va a «incorporar y reforzar los
conocimientos y competencias requeridas relativas a la convivencia escolar» en
las oposiciones de acceso a la carrera docente, tanto en el temario
como en las práctica”. “Habrá itinerarios de desarrollo
profesional en esta materia y quien quiera ser director tendrá
más puntos si en su programa promueve la lucha contra la violencia en las
aulas.”(El Mundo).
No sé qué es lo que ha podido cambiar, pero
sí sé que tenemos que poner solución a este problema. Y si lo conveniente es
que haya especialistas en este tema,
pues que así sea. No creo que de esta forma se menosprecie la figura del
docente, simplemente lo veo como una ayuda extra. Si se cuenta con
especialistas en psicología, ellos tendrán más técnicas o métodos para corregir
ese componente emocional que les “falla” a los acosadores: la empatía. Si no
nos ponemos en el lugar del otro es muy difícil entender a los demás y
seguiremos haciéndoles daño porque nosotros no sufrimos y no nos importa que
los demás sí lo hagan. Esto me recuerda a un aspecto comentado en clase hace
aproximadamente dos semanas: la inteligencia emocional.
Y es que si falla lo afectivo, falla todo.
Fuente:
Por una provincia libre de acoso
escolar. (2017). Diputación de Castellón. Consultado el
30 de marzo de 2017. Recuperado de http://www.dipcas.es/es/actualidad/por-una-provincia-libre-de-acoso-escolar
El
Mundo,. (2017). Bullying y problemas de apego guiarán el congreso de
psiquiatría infantil de Castellón. Consultado el 31 de marzo de 2017.
Recuperado de http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/castellon/2017/03/31/58de1a3c268e3e93028b456e.html
Sanmartín,
O. (2017). Cada colegio tendrá un docente dedicado a evitar el acoso
escolar. El Mundo. Consultado el
30 de marzo de 2017. Recuperado de http://www.elmundo.es/sociedad/2017/03/25/58d57dfa468aeb4c7d8b45e5.html


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